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* Escritores Dominicanos *

Obras

..de Domingo Moreno Jimenes

ASPIRACIÓN

 

Quiero escribir un canto

sin rima ni metro;

sin harmonía, sin hilación, sin nada

de lo que pide a gritos la retórica.

 

Canto que tuviera

sólo dos alas ágiles,

que me llevaran hasta donde quiere,

con su sed de infinito,

en las noches eternas volar el alma.

 

Canto que, como un río

sereno, fuera diáfano;

y en su fondo se vieran

como piedras cambiantes, mis ilusiones,

como conchas de nácar, mis pensamientos,

como musgos perpetuos, mis ironías

sobre los arenales de mi esperanza.

 

Y allí mostrarme todo

como soy en la vida

y seré tras la muerte

cuando la eternidad orle mi gloria

con sus palmas de luz!

MAESTRA

 

Maestra: recuerda el amanecer con su vaca lechera,

su humo de sol,

su organillo de pájaro...

Háblanos del plátano que rezaba a la sombra

y del guineo que amarillaba junto al oreganito;

del maizal que nos confirma que en América

no es exótico ni lo rubio ni lo negro.

 

¡Maestra, no te muestres tan distraída ante tus

parroquianos hombres!...

Piensa que ser mujer,

y mujer con m minúscula,

es de todas las cosas lo que en verdad te importa.

 

Trocar los sexos, ¿y con qué objeto,

siendo, como eres, en realidad, de un sentir prolijo

y tierno?

 

Así: minuciosa, sensible y sumisa

te soñó mi egoísmo,

y te anhelan mis hijos que están en gestación

desde la infancia!

 

LA FIESTA DEL ÁRBOL

 

El silencio es más grande que todas las

diatribas humanas;

permite no obstante, que mi voz lo

deshaga con tal de que tú continúes en alto

«por todos los siglos de los siglos»

oh árbol!, cuya tradición de victoria

crece en el horizonte de los más apartados

confines,

de las más remotas civilizaciones,

de los más ignorados pueblos!

Yo sé que la noche tiene sus calmas y sus luces,

pero el ruiseñor también es la luz

y la alondra, siempre es la alondra!

Permite que así como amo a la rosa te ame a ti

que prolongas la vista de los pelícanos hacia las nubes.

Hasta que no pernocté en una selva no supe tu gracia

oh! luna, ni tu fuerza, oh! rayo, ni tu mudez oh! gris.

Duerme el viajero en el bohío del campesino agreste

y ya no es la luz de la mañana ni el beso de la amada

que lo despierta

sino el canto de los pájaros,

y ese olor odorante de la selva virgen

que se desprende en el rumor de fiesta del crepúsculo

matutino

como un inicial resplandor de éxtasis!...

Oh cielo alto!

y más alto y más erguido por coronar la

frente de los árboles...

Sé que la flor dura apenas un día

y tú te prolongas al través de las generaciones

¡oh ceiba de Colón!

en cuyo tronco el grito de mi niñez estalló con júbilo

y más tarde la cólera de mis días viriles fueron

un holocausto

oh tú que recibiste el eterno arrullo de las oceánidas

del Ozama

y los ultrajes de Yanquilandia!

Ahora el polvo y el humo te azotan

y yo sigo en mi esquife de plata que no tiene brújula,

presiento el gesto de las aves

y esquivo el dardo de los insectos!

en tus ramas no hay nidos

ni en tu corteza insignias insignes.

Ojalá nos hubiera tragado la mar

antes que permitir que la más seca de tus hojas

fuera tocada

o la más estéril de tus raíces rota!

Yo sé que comencé a sentir el dolor de la Patria

en la momia de tu corteza caída.

Ya no entran las carabelas al Ozama a traer el olivo

y a los distantes buques que por la rada pasan

ya no podemos saludar con éxito,

ni dejar de sentir un agudo presentimiento

hasta ante la goleta que viene de Jamaica

cargada de cocolos!

Por mucho tiempo el arte de la marinería,

será piratería para nosotros.

Culpa ha sido del viento, que no de la brújula.

Oh árbol, por ti he abandonado el bosque

y la ciudad

y ahora me encuentro en pleno océano que

es como quien dice en pleno infinito;

pero tú me perdonarás porque los sueños no

tienen patria

ni los ideales horizontes...

Desde este recodo de Sabaneta, saludo el

advenimiento del mayo espléndido

y me inclino reverente ante estas aulas compañeras

y ante esta escuela albante

con sus vocecitas de niños felices y su puerta,

‑siempre su puerta!‑ de par en par abierta, al sol.

 

MELANCOLÍA

 

Dejaré mis niños.

Partiré del pueblo.

Me roerá la angustia que a los peregrinos

acoge en silencio.

 

El día que parta,

todos a sus puertas saldrán a verme;

encontraré en mi senda alguna anciana

de las que socorría algunas veces...

 

Cuando unos pinos cruce

fustigaré mi potro;

y aunque el norte no empañe ni una nube,

el pañuelo de hilo me llevaré a los ojos.

 

Al verme las perdices

levantarán el vuelo;

llorará en una palma una tórtola triste,

y tal vez si un can sucio me seguirá a lo lejos...

Por semanas y aun meses

me instigará una sombra;

luego... mis cantos en la mañana alegre.

¿Y después?... el olvido y algunas muertas rosas.

 

PALABRAS SUELTAS

 

No mascullo caldeo

ni ninguna palabra antigua;

pero no importa

si la actitud de hablar me parece fosca

y hasta la de pensar me parece risible.

Soy todo acto de la cabeza hasta los pies;

y de la intuición a la obra

¡quiero ser todo acto!

 

«El mar, el mar...»

¡Todavía queda sobre la tierra el mar,

como huella del hombre contra el destino!

¡Qué sería del hombre y de sus anhelos

si no existiera el mar!

Por el mar nacemos,

y por el mar tenemos que morir.

 

He aquí, el mar, astros,

como la única razón de ser del hombre!

 

EL DIARIO DE LA ALDEA

 

¡Ay Dios, que ves el viento y ves la nube,

compadécete de mi alma

que es una nube fría en un cielo claro!

 

Mi andar no es andar de consciente sino

de sonámbulo;

llevo las manos en el aire

y el pensamiento en el azul;

llamo «madre» a las plantas

y a las margaritas «hermanas»;

en cualquier riachuelo veo la faz de mi padre,

y los luceros, carbunclos de la noche,

son mis «hijos».

 

Esta síntesis del mundo que llevo conmigo

a veces me sume en la tiniebla;

¡pero siempre me arrastra a la luz!

 

Oh naturaleza, ¿qué mal te he hecho

para que me castigues con una carga tan

desapacible?

Yo sé que vine del misterio,

pero los cambiantes de la vida son más inexplicables

que las flaquezas de la muerte, o que

la sencillez de la nada.

Tú no me podrás dar la alegría riente

de lejanos días y lejanos tiempos;

en ti vengo a curarme de viejos males,

en ti vengo a reposar.

 

El pájaro herido busca el antiguo albergue

de sus dichas.

Junto a aquella rama, yo soñé;

bajo la sombra de aquel árbol yo medité;

el susurrar del río ya no me sabe a música, pero a

un despertar próximo me suena.

Mariposillas: no voléis,

brisas: no entremezcléis mi cabello cano.

¡Siga mi frente erguida y luminosa como

una antorcha!

 

Este hueco de cañada me recuerda la vida

y esta placidez de soledad me quiere como

hablar de niñez.

Yo fui un niño como todos los otros,

aunque un poco más cándido y más triste.

De ayer a hoy, ¡qué abismo!

y de ayer a mañana, ¡qué universo!

 

Con moras frescas me teñí las manos

y tengo la mirada cansada de soñar cosas tristes.

El cielo que tengo por delante no es doloroso;

pero el horizonte de mi vida presente, sí que lo es!

 

El maíz brillaba en las manos del hombre,

la polla se internaba entre los matorrales,

el cielo se encapotaba sereno.

¡Quién fuera madreselva!

¡Quién fuera río!

¡Quién fuera cañada!

 

Flores,

flores,

flores.

¡Oh mayo!

¡oh dolor!

 

Tal cuando el sol tramonta,

y las nubes oscuras se entretejen de grana

y los aires se llenan de infinitos vapores;

tal cuando la torcaz da el grito que espanta la

nidada y el ruiseñor;

tal cuando las montañas que están por arriba de mi

cabeza sueñan;

tal cuando los árboles tiemblan y los arroyos cantan.

 

Relinchos de caballos en mi puerta,

más luego, pasos y voces;

a poco, un loco sobresalto de mi ser solamente;

en seguida, el sol, la alegría de los pájaros,

la mañana,

dos aldeanas rientes,

una mujer pálida,

dos niñas, sus hijas, enmascaradas de riguroso luto,

la cruz de un muerto,

mi estupefacción al ver, hasta el dolor

metamorfoseado de esa manera;

mi expresión: «vuestras lágrimas sean benditas»;

al momento, mi pretexto de buscar la lechera.

 

Después... el campo y yo con el campo y los

pájaros, solo.

 

CANTO‑GRITO

 

Mi vida tosca

y triste;

mi vida llena de miserias y de lampos de infortunio,

infinitos;

mi vida ahuecada por el presente

y paralizada por el futuro;

mi vida poblada de infantes que piden pan y de

mujeres que esquivan caricias;

mi vida torpe y desgarrada como una pitahaya;

mi vida, sin razón de ser y sin sentido, como la

misma muerte que circunda la Vida.

Mi vida, ‑¡oh, sopor de abismo; oh faro apagado

por el pensamiento; oh destino que devuelve

el destino!

 

PALABRAS A DIOS

 

Señor:

Soy pequeño pero te amo!

Señor:

Bien es verdad que tú llenas el mundo!

Señor:

Cierto es que el que está contigo ya no se

encuentra solo.

Valor das a mis alas,

fe a mis pasos;

entusiasmo a mi pensamiento;

paz a mis yerros;

sueño a mis inquietudes;

contorno a mis metas.

Hace tiempo que el ideal me sacó de la tierra...

Mi voluntad se quedó tartamuda.

 

Después... fui sólo para seguir mis hijos;

un amor, siempre para todos los que me quieren.

Ascua he sido y ascua seré en tu decir ferviente.

No olvides llamarme cuando lo creas factible y

necesario.

Mientras tanto, heme aquí, todavía en este mundo,

transportado pero dolido; manumitido pero

sobresaltado.

(El espacio fue roto;

el tiempo ha quedado sin limitación en la llanura;

si algo quise seguir,

la nada, que es silencio, se sobrepuso a toda

sombra.

Sólo a ti veo y sólo contigo hablo!...